miércoles, 1 de mayo de 2019

LA TOLERANCIA DE LOS PROTESTANTES VS LA INTOLERANCIA CATÓLICA.


La siguiente reflexión ha sido extraída del libro “Conversaciones sobre el protestantismo actual” de un excelente católico y prelado Monseñor Segur y que data del siglo XIX. En ésta se presenta unos hechos históricos que todo católico tiene el deber de conocer, y más aún en la época actual, donde es notorio que se está descalificando, condenando o sacrificando la verdad en pro a un falso ecumenismo: 






LA TOLERANCIA DE LOS PROTESTANTES.



Entre las preocupaciones vulgarizadas en el mundo, hay una bastante común, no solamente entre los protestantes, sino también entre algunos que son católicos á medias. "Si la reforma ha causado males, suelen decir algunos: si ella ha hecho correr mucha sangre, si ha desmoralizado países enteros; á lo menos ella ha importado en el mundo un bien inapreciable, que es la tolerancia religiosa" Nada más falso, nada menos fundado que esta preocupación histórica. Donde quiera que domina el protestantismo, él es intolerante y perseguidor.



Sin duda no lo es en todas partes en el mismo grado; pero ¿por qué es eso? Porque no en todas partes tiene el mismo poder. Por fortuna el protestantismo no puede siempre lo que quiere. Para perseguir no basta querer, es necesario poder; pero hágasele siempre esta justicia de decir que en cuanto á intolerancia, él hace lo que puede. Donde quiera que se ha introducido la llamada Reforma, lo ha hecho violentamente; y sus primeros frutos en Alemania, en Ginebra, en Inglaterra y en Suecia, han sido invariablemente la guerra civil, las proscripciones y las muertes. Eso se comprende, por ser cosa muy sencilla. El protestantismo es una revolución; y toda revolución es tiránica y revolucionaria por naturaleza.



Una vez establecido el protestantismo, él se ha conservado á merced de las mismas violencias. Todos saben lo que es el protestantismo inglés respecto á los católicos, las leyes sangrientas que contra estos dio y ejecutó, y el despotismo feroz con que aun oprime todavía á la fiel y desventurada Irlanda. Un historiador inglés protestante, Guillermo Cobbet, se vio obligado por su conciencia, á dar contra la Iglesia herética nacional, este terrible testimonio: "Esa Iglesia, dice el historiador citado, la más intolerante que ha existido, se dejó ver en el mundo aunada de cuchillos, hachas é instrumentos de suplicio. Sus primeros pasos quedaron marcados con la sangre de sus innumerables víctimas, mientras que sus brazos no podían ya con el peso de los bienes que había arrebatado." Este autor cita las actas oficiales del Parlamento, para comprobar que en consecuencia de las hogueras encendidas y de los cadalsos levantados contra los católicos, la población de Inglaterra fué diezmada en menos de seis años. PENA DE MUERTE era pronunciar da, y desapiadadamente ejecutada, contra todo sacerdote católico que entraba en el reino, ó á quien se convencía de haber celebrado misa. PENA DE MUERTE contra cualquiera que se atrevía á dar asilo á un sacerdote. PENA DE MUERTE contra cualquiera que rehusaba reconocer que la reina Isabel era la cabeza de la Iglesia de Jesucristo. Una fuerte multa estaba decretada contra todo ciudadano que no asistía á los oficios protestantes. "La lista de personas condenadas á muerte y ejecutadas por el único crimen de ser católicas, (son palabras textuales del historiador protestante), formaría una lista diez veces más larga que la de nuestro ejército y la de nuestra marina reunidas. La Iglesia protestante de Inglaterra, llamada anglicana, no ha cambiado de carácter desde el día de su establecimiento hasta nuestros días. En Irlanda sus atrocidades han superado á las de Mahoma; y sería necesario escribir un tomo, para referir sus actos de intolerancia," (1)



De la misma manera intentó el Calvinismo introducirse en Francia, Durante más de un siglo la historia de aquella nación no habla sino de rebeliones, sediciones y saqueos cometidos por los hugonotes, donde quiera que penetraba su doctrina. Todo aquel período no es más que un tejido de desórdenes, perfidias y crueldades; pero no hay que extrañarlo una vez que Calvino predicaba en alta voz, que era preciso derribar á los reyes y á los príncipes que no querían abrazar el protestantismo, escupiéndoles á la cara más bien que obedecerlos Bajo las órdenes de Coligny, los calvinistas revolucionarios formaron el proyecto de arrebatar de su palacio al rey de Francia, que á la sazón era un niño; mas como dieran el golpe en falso, se apoderaron de Orleans y devastaron las márgenes del Loira, la Normandia, la Isla de Francia y particularmente el Languedoc, donde cometieron las crueldades y profanaciones más odiosas. En Montauban, en Castres, en Beziers, en Nimes y en Montpelier, esos grandes predicadores de la tolerancia y de la libertad de conciencia, prohibieron bajo las penas más rigurosas, todo ejercicio del culto católico. Todo el mundo conoce á aquel famoso barón des Adrets, jefe calvinista, que habiendo tomado á Montbrison, se dio á sí mismo el inocente placer de hacer saltar desde lo alto de una torre, lo que quedaba de la guarnición hecha prisionera, Pues, poco más ó menos, tal fue el tratamiento que los protestantes hicieron sufrir á todas las ciudades que cayeron en su poder. Profanación de Iglesias, robo de vasos sagrados, muerte ó lanzamiento de sacerdotes y religiosos, atrocidades las más bárbaras, unidas á los más abominables sacrilegios, he aquí la conducta de los tolerantes herejes. Estos son hechos históricos que nadie niega, ni aun los protestantes; los cuales sin embargo dejan escapar algunas veces expresiones imprudentes, manifestando deseo de que vuelvan aquellos tiempos dichosos del protestantismo francés. No se podrían leer sin horror las atrocidades cometidas por los holandeses, para entender el protestantismo en los Países Bajos; y particularmente los tormentos y suplicios á que recubrió el celo religioso de los enviados del príncipe de Orange, llamados Lamark y Sonoi. Este último era maestro consumado en el arte de atormentar los cuerpos, para perder las almas. He aquí la descripción que nos ha dejado una pluma protestante y holandesa, de los medios empleados por aquel tigre, para martirizar á los católicos, fieles á su religión. "Los procedimientos ordinarios de la tortura más cruel, escribe Kerroux, no fueron sino los tormentos menores que se hicieron sufrir á aquellos inocentes. Sus miembros dislocados, sus cuerpos hechos pedazos á azotes, eran de seguida envueltos en sábanas empapadas en aguardiente, á las cuales se daba fuego: y en ese estado se dejaban hasta que ennegrecida y crispada la carne, quedasen desnudos los nervios en todas las partes del cuerpo. Frecuentemente se empleaba hasta media libra de azufre, para quemar los sobacos y las plantas de los pies. Así martirizados se les dejaba muchas noches seguidas, tendidos en el suelo sin cubierta; y á fuerza de golpes, se alejaba de ellos el sueño. Por todo alimento se les daban arenques y otros alimentos de esa especie, propios para encender en sus entrañas una sed voraz, sin suministrarles ni un solo vaso de agua, por más que sufriesen en este suplicio. Se les aplicaban abejones sobre los ombligos. No era raro que se enviase al servicio de aquel espantoso tribunal cierto número de ratones, que se ponían sobre el pecho y el vientre de aquellos desgraciados, bajo un instrumento de piedra ó de madera labrado para este uso y cubierto de combustibles. A estos se les daba fuego de seguida, forzando de este modo á los animalejos, para que devorasen las carnes de la víctima, abriéndose paso hasta su corazón y sus entrañas. Después se cauterizaba aquellas llagas con carbones encendidos, ó bien se derramaba grasa derretida sobre los miembros ensangrentados. Otros horrores, aun mas chocantes, fueron inventados y puestos en ejecución con una sangre fría, de la cual apenas se podría hallar ejemplos entre los caníbales, pero la decencia nos impide continuar." (2)



Lo que la tolerancia protestante hizo en Inglaterra, y lo que ha querido hacer en Francia y en Holanda, lo hace todavía en Suecia. Allá también se estableció la Reforma con violencia y sangre; y las leyes religiosas conservan aun en aquel país toda la barbarie que puede sufrir nuestro siglo. En este mismo año en que escribo, acaban de ser condenadas seis familias al destierro y al despojo de todos sus bienes, únicamente por haber abrazado la fé católica. En Noruega, en Dinamarca, en Prusia, en Ginebra y donde quiera que domina el protestantismo, él se muestra enemigo encarnizado y ciego destructor de los católicos. Como allá está á sus anchas, no se cuida de ocultar lo que es, con precauciones hipócritas; las cuales son las que le dan en Francia una apariencia de moderación. Allá dice él altamente lo que quiere y lo que espera. En el Sínodo protestante de Bremen, el señor Sander, pastor herético de Elbelfed, exclamaba hablando del Papa y de los religiosos de la Compañía de Jesús: "Las autoridades protestantes no deben tolerar que existan. Menos aún deben soportar que sean libres." En Ginebra los protestantes, envidiosos de los progresos del Catolicismo, han formado de común acuerdo una asociación, en la cual contraen el compromiso de no comprar nada á los católicos, y de no emplearlos en ningún trabajo para reducirlos así á la miseria; y además de obrar de suerte que solos los protestantes obtengan los cargos y empleos. ¡¡Todo esto se hace por hombres que reclaman con indignación la libertad de cultos en los países en que forman una imperceptible minoría: por hombres á quienes no se caen de la boca las palabras de libertad de conciencia, de caridad cristiana, de religión, de paz y de amor: por hombres, en fin, que ya no creen en Jesucristo; y entre los cuales hay libertad para ser incrédulo, panteísta ó ateo, pero no para ser católico!!!



LA INTOLERANCIA CATÓLICA.



Ya hemos visto lo que es la pretendida tolerancia de los protestantes. Véamos ahora qué vale esa acusación trivial de intolerancia, que ciertas personas dirigen contra la Iglesia católica. Esta acusación entraña una verdad y una mentira. La Iglesia es intolerante en materia de doctrina, Esto es cierto; y no solamente lo confesamos, sino que nos gloriamos de ello. La verdad es intolerante por naturaleza. En religión, como en matemáticas, lo que es verdad, es verdad; lo que es falso, es falso. Es imposible que haya concesiones mutuas entre la verdad y el error. En esto no cabe compromiso ni transacción. Por poco que se cedióse de la verdad, esta sería inmediatamente destruida. Dos y dos son cuatro: esto es lo que se llama una verdad. El que diga otra cosa miente, sea por exceso ó por defecto. El error siempre es error, aunque uno no se engañase sino en una milésima ó millonésima parte. Siempre se estará fuera de la verdad, cuando teniendo dos y dos, se diga que no son cuatro. La Iglesia es depositaría y maestra en el mundo, de verdades tan ciertas como las verdades matemáticas; con la única diferencia de que las consecuencias de las verdades católicas, son infinitamente más importantes que las de las verdades matemáticas. La Iglesia propone y defiende sus verdades con tanta intolerancia, como la ciencia de las matemáticas enseña las suyas. ¿Qué cosa más legítima? La Iglesia católica es la única entre las diferentes sectas llamadas cristianas, que proclama estar en posesión de la verdad absoluta, como lo está en efecto, añadiendo que fuera de ella no hay verdadero cristianismo; y así ella sola puede ser, ella sola debe ser intolerante en materia de doctrina. Únicamente ella puede y debe decir como ha dicho hace 18 siglos en sus Concilios: “ si alguno piensa ó ensena, en contradicción de mi doctrina, que es la verdad, sea anatema." Pero Nuestro Señor Jesucristo que ha confiado á la Iglesia el depósito de la verdad, le ha dejado también su espíritu de caridad y paciencia. Intolerante en materia de doctrina, ella no transige con el error, pero es misericordiosa para con las personas que le cometen; y nunca ha empleado los medios legítimos de rigor, sino después de haber intentado todos los recursos de la dulzura y de la persuasión. Ella no ha herido jamás, sino en la última extremidad; y nunca ha castigado, sino á los incorregibles. Entonces ha debido hacerlo para preservar del contagio á las almas fieles, para poner fin á los escándalos y para llenar el gran deber de la justicia, el cual no es menos divino que el de la misericordia. En su paciencia como en su rigor, en su tolerancia hacia las personas como en su intolerancia hacia los errores, la Iglesia imita fielmente á su esposo y á su Dios, á Nuestro Señor Jesucristo, que es la verdad misma, que es la misericordia, pero también es la justicia. Las mentiras de los historiadores anti-católicos sobre las pretendidas barbaries de la Iglesia en la edad media, cada día caen en mayor descrédito, gracias á los trabajos concienzudos de una nueva generación de historiadores, mas imparciales que sus predecesores. "Para poder vivir, el protestantismo tuvo que forjar una historia á su modo," decía el célebre historiador Thierrv, poco sospechoso, como es sabido, de favorecer á la Iglesia. Aun los mismos protestantes, deponiendo el espíritu de partido, vienen algunas veces á declarar contra aquellas viejas calumnias, contra aquellas culpables exageraciones y contra abuelas insinuaciones pérfidas, de que están llenos los libros de historia. "Hace tres siglos, ha dicho el conde de Maistre, que la historia ha sido una conspiración permanente contra la verdad.




(1) Carta de Sir William Cobbet á Lord Tenderden, jefe de la justicia inglesa, que había alabado la tolerancia del protestantismo inglés en pleno Parlamento.


(2) Compendio de la historia de Holanda por Mr. Kerroux, tomo II. pág. 313.



SEGUR, L.G. (1869). Conversaciones sobre el protestantismos actual. Pág. 177-187. Palma, México: Imprenta de J. M. Lai






jueves, 14 de marzo de 2019

PARA LOS CATOLICOS DE HOY: “EL PACIFISMO NO ES CRISTIANO”.


“Adversus hostem aeterna auctoritas”

"A los enemigos, guerra sin cuartel”.



En nombre de la libertad el mundo occidental está a punto de colapsar.  Pero una, que es mal concebida, porque al dilucidar la razón que es guía y luz para ejecutar nuestros actos, como una cuestión aislada a nuestra voluntad, se está corrompiendo la facultad racional de elegir como acto natural de todo ser humano. Y se está sustituyendo con una simulada libertad que no tiene nada que ver con su verdadera esencia. Esto quiere decir, que al darle vía libre a las pasiones humanas sin el recto juicio de la razón, se cae evidentemente en situaciones caóticas que trasiega el sano desarrollo de toda persona en su plano tanto individual como social.

La iglesia milenaria como protectora de aquella razón natural que es sencillamente extensión de la sabiduría eterna cuyo ordenamiento está regido por la ley divina,  súbitamente se convierte en enemiga de hombres infectos cuyo veneno ha irrumpido en esta sociedad, y ya envilecida niega a Dios para poder complacerse con sus propios caprichos. Como lo diría Nicolás Gómez Dávila  “Dios es el estorbo del hombre moderno”(1). Por consiguiente palpamos el resultado de aquellas ideologías que han trastornado desde hace siglos atrás la humanidad quedando perplejos del curso que está alcanzando en el tiempo vigente.

Por lo tanto, son diversas las armas en que se han valido aquellos sublevados para dinamitar aquella institución religiosa y a aquellos hombres que la conforman y uno de estos instrumentos que  ha tenido gran éxito en su aplicación, que es una más de sus doctrinas, se llama el pacifismo, como alegoría de la “paz”, procura desarmarnos no solo de manera material, sino de pensamiento, de lenguaje y libre expresión con el riesgo de ser rotulados como hostiles al buen espíritu de convivencia y de “paz” si no nos ceñimos a sus principios,  que entre otros, y muy célebre por estos tiempos es la "Tolerancia", siendo aquéllos totalmente contrarios al espíritu de Dios.  Para el cristiano que no puede ser ninguno más que el católico se les debe advertir que esta ideología es de origen protestante (como todas las herejías destructivas que han surgido de ésta secta) forjada por un teólogo estadounidense del siglo XVIII llamado David Low Dodge (2) y quien fue el primero en fundar instituciones de “paz” a principios del S. XIX en Inglaterra y Estados Unidos,  con el fin de impulsar esta filosofía que tiene también raíces hindú y chinas; y que finalmente se articularon en  organismos como la masonería, la ONU y todas sus vertientes para sus fines que son netamente diabólicos.

Ahora bien, quien lleve el nombre de cristiano, adherente a él tiene una responsabilidad sin lugar a duda frente a todos los acontecimientos que se ha derivado de estas corrientes catastrófica, la manera de llevarla, en varios casos, no es la más conveniente, empero, ha sido la misma influencia ideológicas que de mayor o menor grado han calado en el interior del hombre católico y en la misma institución religiosa, perturbando el justo y favorable empeño del cristiano en la defensa de la verdadera libertad del hombre que es precisamente “la facultad de elegir todo lo que nos conviene para llegar al fin último que es el sumo bien”, es decir, Dios. Siendo así, en primera fila, se presentaran los católicos que no tienen ni idea de lo que está pasando en la sociedad, pues viven sumergidos en su propio mundo, y esto son las mayoría. Están los otros, que comprenden el peligro, pero prefieren ver todo sobre el balcón para no ensuciarse el vestido.  Pero eso sí gritan ¡Intransigencia! ¡Intransigencia! como diría el Padre Sardá cuando un católico militante incrimina  verbalmente o por acción, a los demoledores de la religión y sociedad, y éstos son los que creen que la oración por los enemigos, es el único recurso que se debe tomar en tiempos de guerra, negando irónicamente o ignorantemente el justo uso de la espada, que siempre ha sido bendecida por Dios y sus Santos hombres.  Luego quedan los católicos militantes que son avivados y combatientes, pero algunos, a veces, se quedan exhibiendo sus mejillas sin decidirse a más. A estos últimos y a todos hay que recordarles el derecho Divino de no callar, de juzgar con juicio recto, de señalar al enemigo, de desvainar las espadas como nos lo recordó, un católico y religioso valiente, y que ya nombré anteriormente, que se enfrentó con brío a estas mismas ideologías que hoy ya nos asfixia en su totalidad y es el gran Padre Felix Sardá. En su libro “el liberalismo es pecado" (3) nos presenta el texto que traigo a continuación, y que busca despertar a los católicos sumidos en ese pacifismo que no puede ser sino diabólico, porque valga recordar y ya sea dicho que nunca existirá un “pacifismo cristiano”:

<<No hay falta de caridad en llamar a lo malo, malo; a los autores, fautores y seguidores de lo malo, malvados; y al conjunto de todos sus actos, palabras y escritos, iniquidad, maldad, perversidad. El lobo fue llamado siempre lobo a secas, y nunca se creyó hacer mala obra al rebaño ni a su dueño con llamarle y apostrofarle así.

Si la propaganda del bien y la necesidad de atacar el mal exigen el empleo de frases duras contra los errores y sus reconocidos corifeos, éstas pueden emplearse sin faltar a la caridad. Al mal debe hacérsele aborrecible y odioso; y no puede hacérsele tal, sino denostándolo como malo y perverso y despreciable. La oratorio cristiana de todos los siglos autoriza el empleo de las figuras retóricas más vivas contra la impiedad. En los escritos de los grandes atletas del Cristianismo es continuo el uso de la ironía, de la imprecación, de la execración, de los epítetos depresivos. La ley de todo esto deben ser únicamente la oportunidad y la verdad.  Hay otra razón además. La propaganda y apologética popular (y siempre es popular la religiosa) no puede guardar las formas enguantadas y sobrias de la academia y de la escuela. No se convence al pueblo sino hablándole al corazón y a la imaginación, y éstos sólo se emocionan con la literatura calurosa y encendida y apasionada. No es malo el apasionamiento producido por la santa pasión de la verdad. 

El Bautista empezó por llamar a los fariseos "raza de víboras". Cristo Dios no se abstuvo de apostrofarlos con los epítetos de "hipócritas, sepulcros blanqueados, generación malvada y adúltera", sin que creyese por ello manchar la santidad de su mansísima predicación. San Pablo decía de los cismáticos de Creta, "qua eran mentirosos, malos bestias, barrigones, perezosos". Al seductor Elimas Mago llámale el mismo Apóstol “hombre lleno de todo fraude y embuste hijo del diablo, enemigo de toda verdad y justicia".  Si abrimos las colecciones de los Padres, no topamos más que con rasgos de esta naturaleza, que no dudaron emular a cada paso en su eterna polémica con los herejes. Citaremos tan sólo uno que otro de los principales. San Jerónimo, disputando con el hereje Vigilancio, le echó en cara su antigua profesión de tabernero, y le dice: "Otras cosas aprendiste (y no teología) desde tu temprana edad; a otros estudios te has dedicado. No es por cierto cosa que pueda ejecutar bien un mismo hombre, averiguar el valor de las monedas y el de los textos de la Escritura; catar los vinos y tener inteligencia de los Profetas y de los Apóstoles". Y se ve que el Santo controversista les tenía afición a esos modos de desautorizar al adversario, pues en otra ocasión, atacando al mismo Vigilancio, que negaba la excelencia de la virginidad y del ayuno, pregúntale con festiva donaire "si lo predicaba así para no perder el consumo de su taberna." (...)

Qué diremos de San Juan Crisóstomo en su famosa invectiva contra Eutropio, que en personal y agresiva no tiene comparación con las tan agrias de Cicerón contra Catilina o contra Verres? El melifluo Bernardo no era ciertamente de miel al tratar con los enemigos de su fe. A Arnaldo de Brescia (gran agitador liberal de su siglo) le llama con todas las letras "seductor, vaso de injurias, escorpión, lobo cruel." El buen Santo Tomás de Aquino olvida la calma de sus fríos silogismos para dirigirse en vehemente apóstrofe contra su adversario Guillermo de Saint-Amour y sus discípulos, Y llamarlo a boca llena "enemigos de Dios, ministros del diablo, miembros del Anticristo, ignorantes, perversos, réprobos." Nunca dijo tanto el insigne Luis Veuillot. El dulcísimo San Buenaventura increpa a Geraldo con los epítetos de "imprudente' calumniador, espíritu maléfico, impío, impúdico, ignorante, embustero, malhechor, pérfido e insensato."

Al llegar a la época moderna se nos presenta el tipo encantador de San Francisco de Sales, que por su exquisita delicadeza y mansedumbre mereció ser llamado viva imagen del Salvador. ¿Creéis que les guardó consideración alguna a los herejes de su tiempo y país? ¡Ca! Les perdonó sus injurias, les colmó de beneficios, procuró hasta salvar la vida a quien había atentado contra la suya. Llegó a decir a  su rival: "Si me arrancaseis un ojo, no dejaría con el otro de miraros como hermanos". Pues bien; con los enemigos de su fe no guardaba clase alguna de temperamento o consideración. Preguntado por un católico si podía decir mal de un hereje que esparcía sus venenosas doctrinas, le contestó: "Si, podéis. Con tal que no digáis de él cosa contraria a la verdad, y sólo por el conocimiento que tengáis de su mal modo de vivir; hablando de lo dudoso como dudoso, y según el grado mayor o menor de duda que sobre eso tengáis." Más claro lo dejó dicho en su Filotea, libro tan precioso como popular. Dice así: "Los enemigos declarados de Dios y de la Iglesia deben ser vituperados lo más que se pueda. La caridad obliga a cada cual a gritar: "¡Al lobo!" cuando éste se ha metido en el rebaño, y aun en cualquier lugar en que se le encuentre." ¿Habrá necesidad de dar a nuestros enemigos un curso práctico de retórica y de crítica literaria? He aquí lo que hay sobre la tan decantada cuestión de las formas agresivas de los escritores ultramontanos, vulgo católicos verdaderos.

 (...) dice un gran historiador católico a los enemigos del Catolicismo: "Vosotros os hacéis infames con nuestras acciones; pues bien, yo os acabaré de cubrir de infamia con mis escritos." Y por igual tenor enseñaba a la viril generación romana de los primeros tiempos de Roma la ley de las Doce tablas: “Adversus hostem aeterna auctoritas” esto. Que se podría traducir: "A los enemigos, guerra sin cuartel”>>

(1) Gómez, N., (2001). Escolios a un Texto Implícito. Bogotá DC, Colombia: Villegas Editores S.A. 
(2) EcuRed (S/F) Pacifismo. Recuperado de: https://www.ecured.cu/Pacifismo
(3) Sardá, Y S, F., (1884). El liberalismo es pecado. España: Editorial Pages.


Kp Diana.
 

sábado, 2 de marzo de 2019

"DE CÓMO EL NORTE -EL IMPERIALISMO ANGLO-NORTEAMERICANO- PRETENDE CAMBIAR LOS VALORES TRADICIONALES Y LA IDIOSINCRASIA DEL CENTRO Y SUD DE AMÉRICA A TRAVÉS DE UN "NUEVO ORDEN MUNDIAL"

"El proyecto de desmilitarización de Iberoamérica se estableció formalmente como política de los Estados Unidos a partir de la gran crisis de 1982-1983 en las relaciones hemisféricas.      La decisión estadounidense de apoyar a Gran Bretaña, no sólo olvidó los méritos históricos del reclamo territorial argentino de las Malvinas -ocupadas ilegalmente por Gran Bretaña en 1833-, sino que violó un solemne compromiso contraído con la Argentina, en virtud del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). Lo que querían derrotar los angloamericanos, aparte de la propia nación argentina, era el principio mismo de la soberanía nacional. El conjunto de medidas del Proyecto Democracia fue anunciado por el presidente Reagan en el Parlamento Británico, el 8 de julio de 1982. Uno de los autores intelectuales del proyecto, de hecho, fue el mismo profesor Samuel Huntington de Harvard, destacado ideólogo de la Comisión Trilateral, que en 1992 publicó una especie de manual práctico para la destrucción de las Fuerzas Armadas de todas las naciones en vías de desarrollo.
Los esfuerzos del Proyecto Democracia por imponer una "democracia pluralista" en Iberoamérica remozan la "Leyenda Negra" que propaga la mentira de que la cultura hispánica es, por definición, autócrata y dictatorial, debido a la influencia de la Iglesia Católica y las Fuerzas Armadas. El odio por éstas expresado por los "nuevos demócratas" nace de eso: para poder conquistar definitivamente a Iberoamérica, primero hay que quebrantar esas dos instituciones: La Cruz y la espada, que conforma la columna vertebral del Estado nacional en la región. Dicho propósito se ha declarado públicamente  en documentos oficiales de los Estados Unidos. El informe especial Nº 158 del Departamento de Estado, de marzo de 1987, titulado "La democracia en América Latina y el Caribe: la promesa y el reto", lamenta que "la penetrante fuerza de estructuras jerárquicas con hondas raíces históricas y culturales ha creado hábitos autoritarios muy arraigados" en Iberoamérica, y militares -la cruz y la espada- de la conquista española, y desde entonces, pilares fundamentales del orden tradicional" a ceder a "nuevos valores" [y] diversidad organizativa". "El desarrollo institucional" requiere de "diversidad religiosa", dice a secas el Informe Especial Nº 158, que encomia "la difusión del protestantismo" y la teología de la liberación, por garantizar la "diversidad religiosa". En nombre del "protestantismo", el gobierno estadounidense ha fomentado las peores sectas fundamentalistas, tales como la del pervertido Jimmy Swaggart, la de Luis Palau y la de los moonies.      El intento de erradicar la influencia de la Iglesia Católica en Iberoamérica data de la época de Teddy Roosevelt. "Observen -dijo Ratzinger- las palabras de Rooseveelt en 1912: 'Creo que la asimilación de los países latinoamericanos a los Estados Unidos será larga y difícil mientras esos países sigan siendo católicos'."      En cuanto a "la espada", el informe especial Nº 158 repite los argumentos de la comisión Kissinger, de que se debe mantener muy reducida y contenida la fuerza militar, no obstante el terrorismo, el narcotráfico y las guerrillas que asuelan la región.      "(...) el proyecto global del nuevo orden mundial era quitar del camino a líderes y políticos del hemisferio occidental que se negaran a rendir pleitesía al plan de Bush. Primero fue en México, el 10 de enero de 1989, en una batida contra los líderes del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República mexicana, a través de Carlos Salinas de Gortari. Luego le tocó al Gral. Manuel A. Noriega, de Panamá. El levantamiento del 3 de diciembre de 1990, en la Argentina, por el Coronel Seineldín para -como él expresara- evitar la destrucción de las FF.AA. y la defensa nacional bajo el nuevo orden mundial, encontró en el presidente Menem un firme aliado de Bush. La siguiente víctima fue Irak." 

Alberto Boixadós, El Nuevo Orden Mundial y el movimiento de la New Age o Humanismo Cósmico, 1994   

Artículo extraído del libro Masonería Invisible de Ricardo de la Cierva. Pág. 80.